Eliana Champutiz y Jeannette Paillan Documentalistas: “Lo indígena se representa como folclore”

En Madrid, el Periódico Diagonal entrevistó a las Documentalistas y Comunicadoras  Eliana Champutiz y Jeannette Paillán. A continuación la entrevista realizada

Fuente: Diagonal Periódico

Las documentalistas Jeannette Paillan y Eliana Champutiz, en Madrid. / DAVID FERNÁNDEZ
 En 1985, un grupo de cineastas y documentalistas montó el I Festival Latinoamericano de Cine y Vídeo de los Pueblos Indígenas en México. Su objetivo era visibilizar una realidad silenciada en todo el continente por parte de gobiernos, instituciones y medios de comunicación: la situación de los pueblos indígenas. Fruto de este encuentro nació la Coordinadora Latinoamericano de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas (CLACPI), que 30 años después aglutina a diferentes organizaciones y redes de documentalistas que buscan apoyar los procesos de afirmación cultural, el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas originarios, usando el vídeo como herramienta.

Hablamos de comunicación, de la situación de los pueblos indígenas en Latinoamérica, de los gobiernos de Chile y Ecuador, con la coordinadora de CLACPI, la documentalista chilena y mapuche Jea­nnette Paillan, y la comunicadora ecuatoriana quechua Eliana Champutiz.

 

Los primeros documentales hace más de 30 años estaban hechos por personas que no eran indígenas. ¿Cómo se pasa de esa mirada que cuenta desde fuera a una mirada más situada que se apropia de los medios de producción del conocimiento, en este caso audiovisuales?

Jeannette Paillan: Efectivamente, nuestra forma de trabajo ha cambiado mucho, pero ha sido de manera muy espontánea. Primero llego la práctica y luego se teorizó. En los 90, coincidiendo con la conmemoración de los 500 años de la invasión de América, se generó una discusión muy fuerte en el mundo indígena. Frente al discurso dominante en Occidente que hablaba de un encuentro entre culturas, nosotras hablábamos de invasión y de los efectos tan negativos para los pueblos indígenas en términos de pérdida de derechos, de tierras. No se reconocían los pueblos indígenas.
En aquel momento, que además coincidió con diferentes dictaduras militares, los pueblos indígenas empezamos a tomar las cámaras y nos dimos cuenta de cómo el cine y el vídeo eran importantes herramientas de testimonio y de lucha frente a un sistema que buscaba aniquilarnos y transformarnos en trabajadores precarios dispuestos a instalarnos en las grandes urbes. Uno de nuestros grandes referentes de aquel momento fue el cine latinoamericano y las cosas que se hacían en Chile, como los teleanálisis que se hicieron en las universidades contra la dictadura de Pinochet.

 

En el marco de los 500 años, ¿uno de los grandes hitos sería la marcha indígena en Ecuador en 1990?

Eliana Champutiz: En 2012, cuando hicimos la marcha por el agua en Ecuador, teníamos un lema que decía: “Somos los hijos del primer levantamiento”. El primer levantamiento se refería a los años 90. Sabíamos que sin esa movilización, sin los abuelos y las abuelas, no hubiera sido posible mostrar al indígena como un sujeto político dentro de la sociedad ecuatoriana. Esta marcha permitió mostrar la presencia indígena y las demandas que posteriormente se plasmarían en la construcción de la sociedad del Estado intercultural y del Estado plurinacional de Ecuador.

Además, encendió la llama en el resto de Latinoamérica para decir “allá también hay indígenas y son bravos”. Fue así como Ecuador se transformó en un referente de lucha y organización. La campaña continental en contra del ALCA tenía la sede en Ecuador, se logró armar toda una plataforma social que canalizaría el derrocamiento contra Jamil Mahuad, contra Abdalá Bucaram y Lucio Gutiérrez. Gracias a estas luchas se crea ese imaginario de que los indios tumban gobiernos. Eso está muy bien y es muy necesario. Fue así como Ecuador se transformó en un referente de lucha y organización.

 

J.P.: La herencia del 90 ha sido poder exigir y mostrar la presencia indígena. El movimiento de los 500 años generó todo un cuestionamiento del término indígena, replanteando las diferencias entre indigenismo e indígena. En definitiva, una reflexión de autorreafirmación como pueblos y naciones indígenas y no como inditos, aborí­genes o personas aisladas. Unos términos que refuerzan la idea de organización política y social que se mantiene hasta hoy día.

¿Qué trabajo habéis hecho para deconstruir esa mirada folclorizada y sesgada de los medios de comunicación y de la antropología occidental?

J.P.: Los primeros trabajos audiovisuales de la gente que nos apoyaba tenían aún esa mirada reducida y folclórica hacia lo indígena, pero poco a poco fue cambiando.

E.C.: En Ecuador empezamos a hablar de la autorrepresentación para deconstruir los imaginarios con los que los medios de comunicación han estado tratándonos. Mostrar nuestra realidad fuera del folclore, de la satanización e incluso de esa visión peyorativa y de legitimación de clase que se tiene dentro de los medios de comunicación. En Ecuador, el imaginario del indígena es el de la servidumbre, el trabajador informal, el más explotado. Una imagen que se legitima a través de los medios de comunicación. Por eso para mí el derecho a la comunicación es como el derecho a la vida, al agua, y por eso entendemos la comunicación no desde la visión antropológica, sino como un proyecto político. La comunicación es una cosa que no se trata en las organizaciones indígenas, por eso pedimos políticas públicas de comunicación a los Estados para hacer frente a esa dinámica de representación que ha habido de los pueblos indígenas.

En Chile, a pesar de los diferentes cambios de gobierno y de haber salido de la dictadura, las luchas mapuches por la tierra continúan muy criminalizadas.

J.P.: Efectivamente, los medios de comunicación sitúan constantemente al pueblo mapuche en un contexto de violencia. Las reivindicaciones se reducen a lo que ves en la prensa y la televisión: portadas con barricadas, encapuchados y desmanes en la carretera. Eso hace que el público general repudie dichos movimientos. Los medios de comunicación de Chile no tienen ningún interés en contextualizar las luchas. Son privados, están controlados por empresarios y políticos. Así la imagen que refuerzan es la de que son sectores marginales, vándalos que sólo quieren molestar. Por esta razón, queremos mostrar trabajos que ayuden a entender lo que está pasando, dentro y fuera de Chile, buscando alianzas y apoyo mutuo. Por ejemplo, visibilizar cómo hay muchos proyectos que tienen lugar por la incursión de empresariado español en territorio indígena, así que necesitamos que otra gente conozca la realidad para visibilizar lo que ocurre.

El caso de Ecuador, sin embargo, tras el proceso constituyente de 2008 y la construcción de un Estado intercultural y plurinacional, se reconoce a los pueblos indígenas y hay una entrada de diferentes activistas en las instituciones. ¿Ha habido un efecto de desmovilización entre la sociedad civil? ¿La cuestión indígena ha quedado como una mera coletilla?

En la constituyente de 2008 se recogieron todas las propuestas sociales de las organizaciones y se reflejaron en la Constitución: Ecuador libre de transgénicos, el derecho de las mujeres o la plurinacionalidad. Y desde esa misma fecha se ha ido cooptando a diferentes dirigentes indígenas. Se ofrecieron ministerios, se crearon instituciones, como la Secretaría de Pueblos y Movimientos Sociales, y se puso a indígenas para adornar dichas instituciones. Hubo toda una campaña desde la cancillería ecuatoriana del Ministerio de Asuntos Exteriores de asignar puestos a población indígena, afroecuatoriana y montubia. De esta forma había siempre un indiecito que acompañaba al canciller, vendiendo al exterior una imagen de país intercultural. Por eso en el caso de Ecuador se habla del vaciamiento simbólico por parte del Gobierno de Rafael Correa, un Gobierno que te canta las canciones más revolucionarias del mundo, que pone las banderas más rojas, pero que en la práctica se queda en nada.
En el caso indígena, está la plurinacionalidad, en la que tenemos indios, mulatos, negros o mestizos, pero en la que los blancos siguen imponiendo su cultura. La interculturalidad propone un diálogo entre iguales; en cambio las condiciones de igualdad para que ésta se produzca no se dan en Ecuador.

 

Otro de los grandes hitos del Gobierno de Correa es la incorporación del buen vivir en la Constitución.

E.C.: En el caso de los recursos naturales, sufrimos una política gubernamental de tipo extractivista. Entonces, ¿dónde está tu derecho a la pachamama?, ¿dónde está el “buen vivir”? Las lecturas que se hacen de la población indígena todavía siguen siendo irreales. El hecho de vivir con tus animales y con siete miembros de tu familia es sinónimo de pobreza, y no es que seamos pobres, es que nuestro “buen vivir” es distinto al buen vivir de la ciudad, del no indígena. El principal problema ahí es no poder construir un diálogo entre estas diferencias simbólicas y conceptuales que hay en el Ecuador. Porque en definitiva, cuando hablamos de la pachachama o de ayala o de los derechos indígenas, lo que estamos defendiendo es otro planteamiento de vida frente al modelo del colonizador, capitalista, machista, patriarcal. Una alternativa de vida. Por eso lo difícil es cuando tienes un sistema en el que estamos todos que lo impide. Lo que peleamos es otro paradigma de vida.

J.P.: Los pueblos indígenas, en el momento en que entran en diálogo político, empiezan a cuestionarlo todo, se ve cómo el modelo no se sostiene y ha surgido un movimiento fuerte, no sólo en Latinoamérica, sino que está traspasando las fronteras, porque el asunto ya no es el cambio de un político a otro, no es pasar de la derecha a la socialdemocracia. Tiene que ver con un modelo económico neoliberal que no funciona. Los políticos, como en el caso de Chile, piensan que es genial que existan indígenas, con todas esas cosas bonitas con las que se visten y bailan, pero bien lejitos.

 

 

 

España: Jeannette Paillan

Entrevista a Jeannette Paillan, Coordinadora General de CLACPI, con motivo de la celebración de la 9ª Muestra de Cine Indígena de Madrid (8 al 12 de junio)

“La comunicación nos permite a los pueblos indígenas tomar consciencia de lo que nos está ocurriendo”

Madrid, 3 de junio de 2015

 

P: Hola, Jeannette. Bienvenida a Madrid. Has llegado este lunes, 1 de junio. Cuéntanos qué son las Muestras de Cine Indígena de Madrid.IMG2056

R: Es el primer día de llegada y estamos aterrizando, aunque, como hemos venido varias veces, siento que de alguna forma hemos estado ausentes muy poquito. Las muestras de cine indígena son una iniciativa que surgen hace bastante tiempo de la mano del CLACPI [Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas] a fines de los noventa, y que busca traer un pedacito de lo que hay en materia de producciones con la temática indígena, a España, a Madrid, al público madrileño principalmente, con el propósito de dar una mirada actualizada de lo que viven los pueblos indígenas en Latinoamérica. Y es también una mirada desde una óptica del cine, del video, que transforma, que tiene un lenguaje distinto, mucho más acogedor y gráfico.

Lo que queremos es propiciar también el diálogo, que la gente no solamente vaya a sentarse a ver una película y pueda considerarla buena o mala y luego se vayan. Queremos también propiciar un espacio de conversación, de intercambio, con la delegación de realizadores, de dirigentes, directores o productores o de actores indígenas o no indígenas que acompañan y van a poder hacer ese diálogo con el público. Creo que el objetivo es simple: contar nuestra realidad a gente que pueda estar interesada en qué está pasando con nosotros los pueblos indígenas, más allá incluso de las propias películas que se puedan presentar.

P: ¿Cómo puede impactar positivamente en el público español que conozcan estas realidades de vuestras luchas, y al revés, en qué medida afecta a los pueblos indígenas de América Latina que la ciudadanía madrileña conozca estas realidades?

R: Creo que hay varias respuestas. Una, que va de la mano de los objetivos de por qué se viene a España a traer estos materiales, porque estos materiales dan cuenta de lo que está ocurriendo hoy día en territorios indígenas. Tiene que ver con la continua presencia de empresas transnacionales en territorio indígena que buscan hacer negocio en territorio de Latinoamérica. Son lugares donde de alguna forma, están intactos parte de los recursos que pareciera ser que son de interés para otros: el agua, los minerales, los recursos naturales que existen en esos territorios y que las empresas ven como una buena fuente lucrativa.

P: ¿Qué pueblos están sufriendo esta situación de la invasión en sus territorios?

R: Es increíble, pero es desde Canadá, hasta la Patagonia. En estos dos días vamos a tener la oportunidad de ver qué es lo que está pasando en Colombia, y que tiene que ver no solamente con el tema de la violencia y la guerrilla, que habitualmente es lo que se vende de Colombia; sino que tiene que ver con cómo estos megaproyectos están impactando a este país. También lo que está pasando en el sur de Chile con el tema de los mapuches, con las empresas españolas, con empresas transnacionales… Y en otras películas que estamos compartiendo. Te diría que Ecuador, Méjico, Guatemala, todo Centroamérica, Bolivia, e incluso Brasil, Chile, Argentina, Perú… En cada uno de los territorios donde hay pueblos indígenas, hay algún megaproyecto que tiene que ver con empresas transnacionales, no necesariamente españoles en su totalidad, pero sí, de alguna forma están vinculadas las empresas españolas. Y creo que lo interesante es que nosotros buscamos de alguna forma, que el español tome conciencia de que hay muchas cosas que se continúan haciendo en pro de los propios españoles fuera de España. Todo el mundo dice que los megaproyectos van en pro de la sociedad y de la humanidad porque todos necesitamos más agua, más electricidad, más energía, y, a la vez, eso implica más trabajo. Hay toda una venta de cosas que yo creo que cualquiera de nosotros no podría estar en contra.

P: O sea, hay una comunicación corporativa de las grandes empresas que tienen su discurso y vosotros lo contraponéis con el propio discurso indígena.

R: Exacto. Hay una situación que provocan estas empresas que no se conoce, hay un daño que es irreparable, que en la actualidad se está haciendo, no solo a los indígenas, sino a la humanidad, y a nadie pareciera que le interesa. Pero no es que no interese, sino que no se conoce completamente. Es decir, el daño, no solamente a la naturaleza o a la Tierra, sino a las personas que habitan esos territorios. Creo que es importante que eso se converse, se analice y se conozca. Principalmente, que la gente esté informada y que nadie pueda decir que estas cosas no ocurren porque no las sabe.

P: ¿Qué cosas se están consiguiendo gracias a esta nueva voz y a vuestra articulación continental como red de comunicación indígena? ¿Qué logros y qué pasos se están dando?

R: Creo que uno de los más importantes es que los propios indígenas hemos aprendido que nosotros tenemos que empoderarnos gracias a nuestra palabra y nuestra imagen; y que nosotros mismos somos los encargados de luchar por nuestros derechos. También, de alguna forma, esos derechos no son exclusivos de los indígenas, sino que finalmente se convierten en derechos para la Humanidad, son también un ejemplo para otro tipo de sociedad, una sociedad que hoy día está quebrantada por ideologías que en el pasado fueron las que lideraron la manera de hacer negocio, la manera de vivir, de cómo pensar la modernidad y de cómo pensar el futuro, incluso. Me parece que con esa actitud de pelear por lo tuyo, por lo propio, terminas peleando también por el otro.

Creo que la comunicación permite hacer conciencia de lo que está ocurriendo porque, así como los españoles desconocen lo que está ocurriendo en territorios indígenas, hay mucho indígenas que desconocemos lo que ocurre en nuestros propios territorios, y es nuestro trabajo: el audiovisual, el cine, el video, las radios… y otros de estos instrumentos los que posibilitan hacer visible, mostrar lo que está ocurriendo, enrostrarnos, y no permitirnos ser indiferentes a nuestra propia realidad.

Creo que la comunicación y el trabajo de CLACPI busca principalmente no ser indiferente a lo que está ocurriendo y, sobre todo, propiciar y empujar para que todos contribuyamos de alguna forma a hacer esa comunicación que es necesaria, que tiene que ver no solo con medios de comunicación, sino con el diálogo, con encontrarse con la gente, con compartir y, a lo mejor, no coincidir en los planteamientos, pero tener la posibilidad de poder intercambiar las experiencias que implican para nosotros y que, a lo mejor, no pueden ser legítimas para otro tipo de sociedad como la madrileña que está tan lejos, pero sentimos que el solo hecho de poder hacer esa conversación, creo que ayuda.

P: Sí, porque, a pesar de que las nuevas tecnologías nos acercan, el hecho de que CLACPI sea una red continental mantiene vivo el reto de que ustedes se puedan seguir viendo físicamente y la comunicación humana no se pierda, a pesar de las distancias.

R: Yo creo que la base ha sido que CLACPI siempre fue una red que fue pensada en términos de un trabajo a distancia entre iniciativas y proyectos que estaban ubicados en diferentes lugares, países y territorios. Creo que ese convencimiento de que era posible y, sobre todo, necesario, hacer ese trabajo, de alguna forma nos ha posibilitado darle seguimiento a un proyecto que hoy día es mucho más nutrido y grande, que ha tomado otros desafíos, que tiene otro protagonismo en el concierto internacional de las asociaciones indígenas, donde no es CLACPI, sino que es más bien el tema de la comunicación y, claro, se nos vincula a ese proceso, del cual nosotros nos sentimos orgullosos. Creo que esa base ha permitido que las distancias no nos afecten del todo. Pero el tema de financiamiento es clave, no podría decir que no nos ha afectado. Antes nos reuníamos dos veces en el año, más el festival, y esos encuentros presenciales son necesarios e importantes, y superan cualquier comunicación que se pueda hacer a distancia.

P: ¿Había más apoyo de la cooperación internacional?

 R: Sí, en ese entonces había más cooperación internacional. A mí, me tocó conducir en dos momentos con ese apoyo…

 P: ¿Y se nota la diferencia?

R: Sí, se nota la diferencia. Ahora, también tiene que ver que nosotros hemos asumido este otro papel, el de protegerse, el de no tratar de ocupar todo y tratar de optimizar los recursos, pero creo que CLACPI ha demostrado no solamente ser un proyecto y que solo es factible y es posible cuando hay cooperación.

P: Hay vida más allá de la cooperación internacional.

R: Exacto, hay una vida propia porque nosotros no sólo hacemos un informe y un archivar, sino que hemos impulsado procesos, hemos reforzado la presencia de mujeres en los equipos de comunicación, hemos ampliado la participación y equipos de comunicación en Latinoamérica, en las diferentes partes en donde existen pueblos indígenas…

P: Lo que comentas de la participación de las mujeres es un tema que vamos a ver en la muestra; concretamente, las proyecciones del último día en la Complutense tienen como protagonista una película premiada con el premio Anaconda, “Primero que hablen ellas”. Sois tres mujeres las que vais a venir desde América Latina a la muestra de Madrid. ¿En qué punto estáis en ese camino? ¿Queda mucho por hacer? ¿Habéis avanzado?

R: Yo creo que no es casualidad que seamos solo mujeres las que estemos en esta muestra. De alguna forma, da cuenta del proceso de forma nada provocado ni pensado para que eso ocurriera, la presencia de tres mujeres, de distintos momentos históricos del trabajo de CLACPI: Marta Rodríguez, una consagrada cineasta colombiana, documentalista, premiada internacionalmente, que es una de las impulsoras de este trabajo de CLACPI; ella viene a dar cuenta de esa mirada, que también es muy actual; y Eliana Champutiz, que surge de los talleres de formación de CLACPI, y que hoy día está a la cabeza de un festival en Ecuador, produciendo. Tiene un rol que la hacía merecedora de venir, para participar y conocer la experiencia de las muestras en España. Forma parte del tema de la mujer, pero siempre va a ser insuficiente, como el tema de los pueblos indígenas o el tema de comunicación, siempre van a haber cosas que faltan, pero es una mirada actualizada de lo que está pasando hoy en día con los pueblos indígenas, donde las mujeres hemos asumido un rol importante, somos protagonistas.

P: Sois pasado, presente y futuro.

R: Sí, y sobre todo, acompañadas de la mano de la comunicación, hemos logrado que el tema de la comunicación nos ayude a empoderarnos, a retratarnos, a vernos, a reflexionar, a tener una actitud mucho más crítica de cómo estamos siendo vistos por el otro, porque anteriormente no teníamos tanta claridad, no es que nos conformáramos con lo que había, sino que no teníamos conciencia de que esa imagen de indio pobre, marginal, que está ajeno a la realidad, a la modernidad, a la actualidad, no nos hace bien, y no teníamos conciencia de que eso era lo que el otro entendía de lo que estaba pasando con los pueblos indígenas.

P: Háblanos de este gran evento que va a ocurrir a finales de año, en noviembre, en territorio mapuche, el próximo Festival Internacional de CLACPI.

R: Debo decir que es un gran desafío, que cambia una lógica de hacer festivales. Los pueblos indígenas somos binacionales o trinacionales o cuatrinacionales.

P: Este festival es el número XII de una serie de festivales que lleváis haciendo desde los años 80. ¿Qué son esos festivales?

R: Los festivales de la CLACPI siempre han sido un reto, un desafío distinto, porque son festivales itinerantes, que van viajando por diferentes países de Latinoamérica. Por lo tanto, un festival puede ser el tercero, el cuarto o el quinto, pero al lugar al que llega siempre es el primero. La metodología de trabajo es que nosotros no contratamos productoras para que armen estos festivales, sino que lo que se busca es que las propias organizaciones armen sus redes y realicen sus propios festivales porque el tema de la difusión es clave dentro del proceso de comunicación y sin un trabajo práctico tú no te das cuenta. Este festival tiene varias significaciones. Por una parte, cambia de lógica y ya no son los países, es el territorio mapuche. Los mapuches somos un pueblo binacional; por lo tanto, estamos en Chile y en Argentina y eso implica hacer un trabajo en dos países distintos. Aunque nuestra lógica dice que somos un solo pueblo, hay lógicas distintas en dos países distintos.

P: Las fronteras son una creación artificial, pero crean realidades.

R: Sí, han calado y somos un mapuche en La Argentina y un mapuche en Chile. En países tan centralizados, donde todo converge en la capital, hacer algo en el sur es un gran reto. Luego, coincide con los 30 años del CLACPI, lo que implica que este festival tiene que cumplir varios retos: lograr una visibilidad importante, dar cuenta de que los festivales son una iniciativa que generan puentes y diálogo entre la sociedad indígena y no indígena, para los mapuches en particular, porque en la parte chilena la situación conflictiva entre el estado chileno y el pueblo mapuche y los pueblos indígenas es de mucha tensión, está muy politizado y hay que saber elegir hasta los posibles cooperantes y también saber elegir quienes están en esta red de anfitriones del festival. Implica un gran trabajo que, sin la experiencia y el apoyo de CLACPI no se hubiese podido hacer de esa forma. Los festivales terminan siendo una iniciativa donde converge todo lo que hace CLACPI, que tiene que ver con información, con reflexión, con encuentros, con talleres de formación y, sobre todo, visibilizar a ese pueblo indígena en un momento en que cada vez hay más actividades, la tecnología puede ayudarte, pero la competencia es más dura. Pero yo creo que el festival WALLMAPU va a ser un buen evento. Tenemos también la aspiración de continuar siendo un referente a nivel sudamericano, convertir a Temuco, una ciudad que, para los que no la conocen, es un lugar donde la presencia indígena es muy fuerte y de algún modo, para los propios chilenos y latinoamericanos de países vecinos está asociado al conflicto, a la violencia, a las barricadas.

P: Y queréis darle la vuelta, que también sea un referente positivo y cultural.
R: Exactamente. Queremos transformar esa mirada, llenar las calles de colores, de la presencia internacional de los pueblos indígenas de Latinoamérica y que, de alguna forma, los propios chilenos se den cuenta de que hay gente que viaja de otros continentes, de otros lugares, a conocer a los mapuche. La próxima ocasión será en noviembre de este año 2015. Del 17 al 22 celebraremos el Festival FICWallmapu 2015. De él hablaremos en la Muestra de Madrid.

 

 

Colombia: La verdadera comunicación está en nuestras comunidades

Hacer comunicación es “hablar de lo que está  pasando en nuestra comunidad, que lo que queremos decir sea lo que la comunidad nos  mande a decir”  comparte  Diana Collazos, del pueblo indígena  Nasa, a sus 18 años, se ha convertido en una líder que difunde por medio de la palabra la situación actual de su territorio.

Oriunda del pueblo Nasa en el norte del Cauca, Diana Collazos, de estatura mediana y piel canela, emprendió su compromiso con la comunicación en el cerro Berlín. En el 2010, el conflicto social que genero las fuerzas coercitivas en su comunidad hizo que esta joven se preocupara por la comunicación de su pueblo y la impulsara a dirigirse a Radio Payumàt  con una propuesta pacifista: la unión como herramienta de resistencia social en su comunidad.

En ese mismo año, Diana hacia parte de la Guardia Indígena y entendió que su labor no era suficiente, necesitaba entender no sólo lo que sucedía en su territorio sino también a nivel nacional e internacional y así poder analizar de qué manera los sucesos externos afectaban a su comunidad y la Madre Tierra.

El ingreso a Radio Payumát le ha brindado a esta líder herramientas para trabajar en soluciones al conflicto social de su territorio, ella considera que todavía falta motivar y crear más conciencia especialmente en los niños, con su alegría de mujer Nasa afirma que: “En estos momentos invito a mi hermana a trabajar conmigo, para que a ella le vaya interesando este hermoso espacio y de esta manera motivo a más jóvenes, para que  esto no sólo se quede en nosotros, sí no que los demás también se vayan apropiando de este proceso”.

Gracias a esta experiencia, Diana resalta  el valor de hablar siempre con la verdad,“no tenemos que dejarnos influenciar de los medios de comunicación masivos”,  esto es lo que más la motiva para seguir trabajando en  Radio Payumát,  y así seguir fortaleciendo la comunicación en comunidad.

Esta comunicadora social empírica también compartió con Revista Liber  las dificultades en el medio: “Hay gente que no te apoya, porque siempre uno dice la verdad, por eso,  te consideran opositor de un proceso y te dicen que estas en contra, cuando todos tenemos derecho a la libre expresión”. Cada paso que da, lo da con firmeza para así demostrarle a la nuevas generaciones que la comunicación está hecha para gente berraca que siente y expresa lo que está pasando en nuestras comunidades, “sí no lo hacemos de esta manera estamos en nada” afirma.

Lo más importante es seguir comunicando para la verdad y la vida, tal como lo dice Radio Payumát: “Las decisiones siempre se toman en comunidad y para la comunidad, esa es nuestra comunicación de la verdad”.

Tomado de liber.opennemas.com

Chile: Entrevista Yepan a Hernán Vilchez, director de “Huicholes: Los Últimos Guardianes del Peyote”

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Damaris Molina – Yepan

Llegó a la comunidad Huichol atraído por cómo ellos viven, por lo emblemático de este pueblo que de a poco iba abriendo su conocimiento ancestral a los no indígenas.  Pero Vílchez no estaba allí para hablar de la espiritualidad del pueblo Huichol, ni registrar las amenazas a sus modos de vida, ni de sus particulares luchas si no buscando una familia de la Sierra para grabar un programa de televisión; una especie de reality show donde incorregibles jóvenes alemanes eran desafiados a convivir un breve pero intenso período de tiempo con familias de pueblos indígenas de diversas partes del mundo.

Con este objetivo en mente llegó a Juan José “Urramuire” Ramírez, marakame (guía espiritual, sanador), músico y artista huichol quien aceptó ayudarle con el programa si Vilchez aceptaba igualmente un particular desafío (luego refrendado al pedir autorización a los líderes locales): dirigir una película que contase la amenaza que estaba enfrentando en ese momento la zona de Wirikuta, San Luis Potosí.

A continuación, les presentamos la entrevista realizada por YEPAN a Hernán Vilchez, quien junto a José Ramírez y su hijo Enrique presentaron hace algunas semanas en el Cine Arte Alameda el documental “Huicholes: Los Últimos Guardianes del Peyote”.

 

Hernán, cuéntanos cómo surge la propuesta de José Ramírez y el pueblo Huichol por realizar este documental, que en cierto modo es inusual, porque es casi por encargo.

Me contacté en enero del 2011 con Juan José Ramírez para hacer un primer rodaje en su comunidad de la Laguna, en la Sierra de Jalisco. En el transcurso de esa filmación inicial, el insistió varias veces en que debíamos realizar mejor un documental sobre un importante problema que estaban enfrentando en esos momentos. Nos comenzó a explicar que estaban viviendo una sequía muy dura y que eso se debía a los problemas que enfrentaba su lugar sagrado, Wirikuta, que había sido recientemente concesionado por el gobierno casi en su totalidad a transnacionales mineras. Escuchamos con atención su pedido, pero nuestro trabajo en ese momento era hacer el programa para nuestro canal en Alemania. Pero al momento de pedir permiso a las autoridades tradicionales, que es como se encara una producción de este tipo, nos encontramos justo con la ceremonia de cambio de gobernador, por lo que estaba su consejo de ancianos y toda la comunidad en la plaza del pueblo. Los ancianos en su idioma,   traducidos por el nuevo jefe tradicional, nos transmiten que podíamos filmar el programa para la TV alemana, pero lo que realmente querían es que hiciésemos una película sobre la lucha del pueblo huichol (o wixárika, como se dice en su lengua) por salvar el lugar sagrado Wirikuta, que es donde crece el peyote, que para ellos es el nexo con su deidades, la forma de comunicarse con las entidades que viven en ese lugar.

Y cuál fue tu primera reacción al escuchar esta idea, este proyecto.

Pues quedamos muy impresionados ante la posibilidad de realizar una película sobre una historia tan atrapante, que nos parecía que combinaba tantos elementos, en un lugar tan emblemático y con una cultura icónica como la wixárika. En ese momento estaba con dos socios trabajando, pero ellos por otros compromisos personales no pudieron seguir con el proyecto, por lo que quedé sólo ante semejante historia. A partir de ahí empezó una aventura en sí misma: sin apoyo financiero, sin equipo, intento encarar un relato tan ambicioso en un país que no es el mío, con una cultura bastante críptica que vive en la Sierra Madre, un lugar muy inaccesible, una zona serrana sin buenos caminos y que en ese momento era difícil de llegar por que había problemas con narcos en las localidades aledañas. Entonces era todo muy difícil. Pero desde el principio nos pareció apasionante, así que de a poco empezamos a investigar y nos dimos cuenta que el tema iba más allá de una comunidad en sí misma solamente, no se trataba de un simple retrato folklórico; la trama tenía una resonancia global, planetaria, por la ubicación y fuerza de ese lugar sagrado, por todo lo que significaba no solo a nivel espiritual si no también por su biodiversidad y problemática social. A partir de tomar la decisión de largar, se fue sumando el mínimo equipo con el produjimos este documental: primero José Andrés Solórzano con el que filmamos la película, y luego Paola Stefani, quién nos fue descifrando el intrincado ajedrez político y académico que enmarcaba todo. Sin ellos no hubiese sido posible hacer esto.

Decías que la propuesta, la insistencia de José tenía que ver con registrar una situación de carácter urgente, la zona de Wirikuta que estaba siendo amenazada por empresas de minería que iban a destruir ese lugar.

Claro, desde un inicio lo que ellos nos plantearon no era sólo hacer un retrato de su vida, de cómo es su cultura y sus relaciones tan especiales con el mundo espiritual y natural. Ellos nos pedían una historia que hable de su lucha por salvar un lugar sagrado; un tema urgente y emblemático porque este mismo problema está sucediendo en otros lugares del mundo, y eso también lo mostramos en la película. Casi siempre en estos lugares considerados sagrados, suele haber importantes recursos minerales, animales y vegetales; territorios muy ricos que son explotados por nuestra sociedad muchas veces de una manera voraz e indiscriminada. Entonces realmente la historia es sobre eso. Como una cosmovisión considerada arcaica por algunos, o directamente ignorada, nos despertaba a todos frente a este asunto vital para todo el planeta, porque aquí los que pusieron el pie sobre la mesa, los que dijeron hay que parar con esto fueron ellos, no fue la sociedad civil. La sociedad civil los escuchó, les empezó a apoyar y ahí se empezó a abrir todo el debate. Por eso nos parecía lo más lógico partir de una situación donde la gente se sienta identificada y que más identificación que una familia; una familia que peregrina hacia Wirikuta, hacia su lugar sagrado.

¿Y cómo percibiste la actitud de los campesinos y del pueblo huichol frente a esta obra audiovisual al momento de exhibirla, cómo han percibido la reacción de los públicos donde han hecho circular esta película?

Cuando vimos la reacción de la gente tanto en los campesinos como en las comunidades, lo sentimos de una manera especial, se generaba algo más allá del aplauso, veíamos gente que se metía en el tema y quedaba movilizada emocionalmente. Los mensajes que recibíamos nos dieron la pauta de que tenía sentido ponerle más fuerza a la exhibición y difusión, y a la vez eso fue atrayendo público como un imán. Cuando alguien realmente cree en lo que está haciendo, irradia esa creencia, esa fe, y atrae como ellos, los wixaritari. Ellos están tan convencidos de de ese camino que peregrinan en su vida. Por eso la gente los sigue, los escucha quiere saber más. Y esto nos abrió paso con la película, este efecto dominó desde lo ultra-independiente sin casi apoyos, sin medios de nuestro lado. De a poco se fue sumando gente y eso fue generando sin quererlo un movimiento de consciencia. Todos de alguna manera sentimos la necesidad de cambiar nuestra realidad y nos dimos cuenta que esto tenía algo de eso. Ojalá este paso inspire a otros creadores,  realizadores y productores a enfocar su talento y su técnica no sólo en sus ambiciones personales. Estamos viviendo un momento clave en la humanidad, donde hace falta que todos volquemos nuestra capacidad y nuestra magia personal en la búsqueda de una consciencia de lo básico, que parece haberse perdido. Que empecemos entre todos a cambiar esta realidad que se va descascarando de a poco, y que nos pide de una vez que actuemos para mejorar nuestro mundo, y así dejarle a los que vienen un lugar más justo y armonioso donde vivir.

Qué estrategia utilizaron en la distribución de la obra

Lo que decidimos es que la circulación de la película tenía que ver primero con validarla ante la audiencia. Por eso realizamos las exhibiciones de manera gratuita, lo cual redundó en un gasto importante, pero por suerte hubo gente que nos apoyó para poder realizarlo. Fue algo que volvió a despertar la atención hacia el tema en México y en otros países también.

Han visitado ya varios países, ¿siempre viajan con  Don José y su familia?

Intentamos viajar con ellos, cuando tenemos las posibilidades económicas para hacerlo. Nosotros queremos que la manera de transmitir esto sea con ellos, porque este es un trabajo en conjunto, este no es un realizador que quiere mostrar algo y ser la figura, no. Ellos son como embajadores culturales y espirituales, son los guardianes, ellos son los importantes aquí. Nosotros los realizadores somos como nexos, los que aportan el conocimiento técnico y el lenguaje cinematográfico. Pero ellos nos abren la experiencia de vida de miles de años en este planeta, manteniendo sus ritos, su arte, su magia y su enorme amor a la tierra y la familia.

Por último quisiéramos saber ¿Es para ti el cine una estrategia, o un medio que permite entregar mensajes?

A mí me apasiona el cine de muy joven, filmaba de chiquito con la super 8 de mi papá y siempre vi muchas películas. Me parece que el buen cine combina todas las artes de una manera muy especial; es como un concierto con imagen, pero con otra profundidad. Por eso creo que el cine es una hermosa herramienta para entregar  mensajes de urgencia: ya que están pasando cosas que pueden tornarse irreversibles, como la destrucción de nuestra tierra y la desaparición de las pocas culturas antiguas que aún sobreviven. Y a todos nos toca empezar a cambiarlas.

Fuente: http://www.yepan.cl

Chile: Entrevista Yepan a Vicente Montesinos director documental “Wiñol Ñi Lan: La Muerte del Ciclo”

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Son aproximadamente las 7 pm del día 16 de septiembre 2014 y el documental está a punto de empezar. Estamos reunidos -calculo a simple vista- más de 60 personas en casa Volnitza, una edificación antigua ubicada a la altura del Metro Los Héroes de la ciudad de Santiago, todxs  participando  de un acto solidario que contó también con el apoyo de Karen Wenvl, Daniela Millaleo, Jaime Cayunao y el poeta David Aniñir, conscientes de la lucha por la defensa del espacio ceremonial Mapu Ngen Kintuante y río Pilmaiken.

Estamos cerca del estreno y Vicente toma el micrófono para decir que somos bienvenidos, que agradece nuestra presencia en el acto solidario+estreno del documental y que nos invita a seguir apoyando la resistencia mapuche-huichille, que justo en esos momentos está amenazada por un contingente policial que se dirige a la zona de Lumaco Bajo a defender los intereses de la empresa hidroeléctrica Pilmaiquén S.A que según ellos mismo “genera energía limpia”.

Una vez terminado el documental se da un momento a los comentarios que en su mayoría coinciden en un punto: debemos dejar de ser espectadores y actuar. Cada uno aportando desde lo que puede hacer, pero haciéndolo pronto y con responsabilidad pues la situación lo amerita. Un asunto que se pone cada vez peor porque ya al final del acto solidario se confirma que efectivamente las represión ha llegado a la zona williche, invisibilizada en estos días por el monótono ruido de la cueca y el llamado generalizado a celebrar una fantasiosa independencia chilena.

Vicente dispone de poco tiempo para conversar pues está ocupado ayudando en los detalles de la organización e informando a quien requiera los detalles de la problemática por la que estamos reunidos. De todas formas se hace de un breve tiempo para comentar a Yepan cómo surge el documental y cuál es el compromiso tras este trabajo. A continuación la entrevista realizada a este joven realizador.

En primer lugar nos gustaría saber cómo nace este documental.

Bueno, parte porque yo tengo gran interés en los ríos, en las aguas, en defenderla ante esta amenaza de estos mega proyectos que destruyen todo a su paso. Entonces bajo ese principio siempre me ha interesado en este tema,  en apoyar todas las luchas que se levanten en torno a eso. Tenía unos meses libres en el invierno y quería irme para el sur y justo estaba pasando lo de Pilmaiken así que contacté a los lamngen de allá y así salió la producción, de manera independiente, autónoma, bajo el calor de los preparativos a esta toma del terrenos donde se va a construir la hidroeléctrica.

En tu trabajo podemos apreciar  dos situaciones de resistencia mapuche en dos lugares muy distintos; uno en el sur cercano al río Pilmaiken y relacionado a una hidroeléctrica y, el otro en la comuna de Lo Prado, Santiago de Chile  por la instalación de siete torres de Alta Tensión para alimentación eléctrica de las líneas 3 y 6 del metro que estarán cercanas al rewe de comunidades del sector. ¿Por qué decidiste presentar estas dos situaciones?, ¿Cuál es el objetivo tras la presentación de estas situaciones.

Me atraía ese contraste entre Lo Prado, Santiago un contexto urbano muy gris, contaminado, cultural y ambientalmente versus este otro contexto completamente distinto que es Kintuante con toda su naturaleza y esplendor que tiene. Me atraviesa ese contraste que a pesar de que hay una diferencia notable y muy evidente entre ambas, en ambos lugares se mantiene el culto a la espiritualidad, a la ceremonia al feyentun mapuche. Entonces eso es algo muy bueno que se puede ver en el documental, de que es algo que se puede practicar más allá del lugar mismo y que también son afectados de manera similar. Las hidroeléctricas hoy en día abastecen de energía a los grandes proyectos mineros que necesitan tendido eléctrico que pasan por arriba de los pueblos, de los lugares, devastando todo a su paso, entonces aunque sean lugares muy distintos están relacionados indirectamente, están todos bajo un sistema, bajo un dominio que está dentro de un plan de Estado que construye este tipo de hidroeléctricas y tendidos eléctricos para lucrar y que les afecta a los mapuche de forma transversal, es decir no solamente les afecta a las comunidades que están directamente relacionadas con el lugar intervenido sino que les afecta culturalmente a todos. El medio ambiente es uno solo, el ecosistema es uno solo y cada gota de agua cuenta, entonces eso es un poco la mirada del documental, hacer una mirada desde lo particular a lo amplio.

Y qué esperas provocar  con este documental, cuál es tu expectativa.

Este es un primer impulso que se da sobre esta lucha, lo de Kintuante es un proceso que lleva varios años que ahora se está reiniciando, se está volviendo a reactivar porque es algo que lleva mucho, mucho tiempo y que con este documental se quiere actualizar, se quiere dar una reseña de lo que está pasando hoy día y con eso hacer conciencia, hacer participar a las personas de forma activa en la defensa, porque todos aquí somos importantes.

Posterior a la presentación del documental hubo un llamado generalizado a movilizarse, a informarse pero también a realizar acciones que contribuyan a la defensa de estos espacios.

Claro el llamado es a que se informen, que propongan, que hagan cosas concretas en función de ayudar a estos procesos de defensa, que se pongan las pilas los medios ambientalistas, los ecologistas, la gente indígena, la gente no indígena que colabora con la cultura mapuche, que colabora con la defensa del agua que se acerque, que se informe que actúe.

Decías que debemos ponernos las pilas y evidentemente tú lo has hecho a través del documental. ¿Por qué has preferido este formato por sobre otros?

El audiovisual pa’ mí es un lenguaje bien completo en el cual se mezcla el audio, la imagen, el contenido, el guión, la investigación en terreno con las comunidades. Entonces puedo integrar todo lo que me gusta; me gusta viajar, me gusta conocer los conocimientos de los pueblos, de las comunidades y creo que eso es muy positivo porque integra todas estas disciplinas que a mí me interesa conocer.

 

Fuente: http://yepan.cl