Bolivia: Premio Anaconda (Iván Sanjinés- opinión)

A propósito del Gran Premio Anaconda 2014 en Bolivia:

Indígenas en las cámaras: Construyendo empoderamiento y nuevas prácticas de resistencia y descolonización

ANACONDA SIGUE LA RUTA DE LA SERPIENTE CÓSMICA COMO UN APORTE PARA VISIBILIZAR LA ARMONÍA Y EL CONOCIMIENTO DE NUMEROSAS CULTURAS VIVAS QUE ATRAVIEZAN REALIDADES COMPLEJAS Y TRABAJAN ESFORZADAMENTE POR LA AFIRMACION Y CONSTRUCCIÓN DE UNA IMAGEN Y DE UN IMAGINARIO PROPIO…

(APC Bolivia. Iván Sanjinés).- La presencia del Premio Anaconda al Cine y Video Indígena y Afrodescendiente de la Amazonía, del Chaco y los Bosques Tropicales de América Latina y el Caribe, que en su 7ma versión tiene como sede a Bolivia, pone énfasis importante en los esfuerzos que los pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes están desarrollando desde hace varias décadas para visibilizar las complejas realidades que atraviesan, hacer un énfasis en la violación a sus derechos y tender puentes de dialogo y construcción de una verdadera interculturalidad, basada en el pleno reconocimiento y vigencia de derechos.

Esta iniciativa pionera ha sido impulsada desde el año 2000 por CLACPI, Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas  y la Fundación PRAIA con sede en Bolivia, junto a diferentes organizaciones y entidades aliadas, comprendiendo, de manera protagónica, el desarrollo de muestras comunitarias en diferentes regiones y países del continente en las que Jurados Locales Comunitarios son quienes valoran y puntúan las producciones participantes y definen los premios principales (Gran Premio Anaconda y para esta 7ma versión el Premio a las Mujeres Indígenas y Afrodescendientes.

Ha sido fundamental para la permanencia de este evento itinerante que se desplaza de país en país para fomentar el encuentro entre culturas, el establecimiento de alianzas y acuerdos, como los desarrollados en este año, especialmente, con el Ministerio de Comunicación del Estado Plurinacional de Bolivia, las Redes televisivas ATB, PAT, Bolivia TV, Abya Yala Televisión y Full Televisión en Santa Cruz de la Sierra, entre otros.

Con motivo de estas actividades, cuando Santa Cruz de la Sierra será sede entre el 16 y 18 de diciembre de las actividades centrales de esta versión, (siendo anfitriona de una Muestra Especial de obras destacadas y de la ceremonia de Premiación en el Cine Bella Vista de esta ciudad, es importante recapitular algunos aspectos importantes de los esfuerzos que en especial los pueblos indígenas del continente vienen protagonizando desde hace varias décadas para la construcción de una imagen propia.

Un Proceso en Crecimiento.-

A lo largo y ancho del continente se puede observar el crecimiento imparable de un cine indígena, de un audiovisual construido desde las comunidades, desde las culturas y las cosmovisiones, desde la imagen como reflejo de la necesidad de estar presente y decir una palabra propia desde una comunicación participativa, debatiendo un nuevo protagonismo social y participando, desde lo cultural y lo político en el proceso de transformación de la sociedad… Es el espacio donde se elaboran guiones colectivos y donde no hay necesariamente directores sino equipos responsables y donde las miradas vienen apuntando al desafío de la descolonización…

A pesar de que históricamente han tenido muchas dificultades para acceder al espacio público a través de los medios de comunicación masivos, en gran parte contrarios a sus reivindicaciones históricas, los pueblos indígenas están desarrollando sus propios sistemas de comunicación, apropiándose de herramientas tecnológicas que han asumido como cómplices y aliados de su voluntad de seguir existiendo, de avanzar en construir una imagen y imaginario propio y de proyectarse en el presente y el futuro.

El camino del cine y audiovisual indígena.-

Para situarnos en lo que sucede hoy en Bolivia, donde el presente año ha tenido sede principal el Premio Anaconda, hay que mirar hacia una serie de iniciativas previas realizadas en países como México, donde con el impulso del Instituto Nacional Indígenista INI se dio inicio al final de los años 80 a un inédito proyecto de Transferencia de Medios Audiovisuales a Comunidades y Organizaciones Indígenas. Esta iniciativa, que tuvo un sesgo paternalista desde el Estado, no consultó adecuadamente a las comunidades participantes sobre la pertinencia o no de desarrollar este proyecto, si bien fue el inicio de importantes experiencias de producción de video comunitario y de la instalación en varias ciudades de ese país de Centros de Video Indígena y del nacimiento de productoras indígenas como Ojo de Agua Comunicación Indígena de Oaxaca, al tiempo que surgían por propia iniciativa otras experiencias como Promedios de Comunicación Comunitaria, que ha venido capacitando y produciendo documentales referentes al movimiento zapatista en  la región de Chiapas. Por su parte el proyecto Video en las Aldeas en Brasil que nace dentro del Centro de Trabajo Indigenista de Sao Paulo (independizándose después de esta ONG) es un referente importante con 25 años de labor, siendo un espacio de capacitación y producción importante del video indígena brasilero. En 1989 nace en Bolivia CEFREC, Centro de Formación y Realización Cinematográfica, que tendrá un papel importante en el proceso de producción audiovisual indígena que se desarrollará desde 1996. Varias de estas iniciativas que hoy trabajan ligadas a movimientos y organizaciones indígenas se agrupan en CLACPI, Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de Pueblos Indígenas, creada en 1985 en la Ciudad de México, hoy referente en materia de comunicación indígena originaria y organizadora de los Festivales Internacionales de Cine y Video de Pueblos Indígenas o de iniciativas como la del Premio Anaconda.

El surgimiento del cine indígena en América Latina coincide con un momento de reflexión sobre el papel de la comunicación en la sociedad y también con un momento previo al 5to centenario del mal llamado descubrimiento de América, cuando están en boga corrientes que hablan de educación o comunicación popular, de comunicación participativa para el cambio social, comprometidas no solo con una posición de reflexión crítica de la realidad sino con su transformación.

Existe también una relación entre el cine indígena de hoy y toda una tradición de cine social y político desarrollado desde los 60s en América Latina, o bien con el propio trabajo de Grupo.

Ukamau en Bolivia. El hecho de que cineastas fundadores de CLACPI en 1985 aún continúen trabajando en estos procesos, tal el caso de Marta Rodríguez en Colombia, son indicios importantes.

 

México: primera Muestra Internacional de Cine y Video Indígena “Tejiendo nuestra audiovisión”

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En el marco de la primera Muestra Internacional de Cine y Video Indígena “Tejiendo nuestra audiovisión”, presentamos a los lectores de la página web de CLACPI este interesante artículo de la maestra Alejandra Olalde Carreté.

 

Cine y video indígena con realizadores originarios: Hacia una nueva era de la Transferencia de Medios

Por Alejandra Olalde Carreté*

Fuente: http://cineymedioscomunitarios.wordpress.com/

Como parte de las actividades de la primera Muestra Internacional de Cine y Video Indígena “Tejiendo nuestra audiovisión”, el pasado jueves 21 de agosto, testigos y agentes del Proyecto de Transferencia de Medios Audiovisuales a Organizaciones y Comunidades Indígenas nos acompañaron en una mesa de diálogo al término de la proyección de cuatro materiales audiovisuales. El evento se llevó a cabo en el Auditorio Arturo Warman, Programa Universitario de la Diversidad Cultural e Interculturalidad, UNAM.

La proyección magistral se compuso por las obras Parhikutini. El volcán purépecha de Valente Soto, Akoo (Basura) y Ñan Ri´í´ (Donde hacemos del baño) de Héctor García Sandoval, y por Juegos y danzas rarámuri de Javier Vecino Vega, los cuales provienen de la Serie Video Indígena. Visiones. Estos cuatro documentales, realizados entre 1990 y 1994 por organizaciones purépechas, triquis y rarámuris, forman parte de la sección “Homenaje” de la Muestra y celebran el XX Aniversario del Proyecto Transferencia de Medios en colaboración con la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI).

En la mesa de diálogo posterior al visionado de estos cuatro documentales, contamos con la presencia de Carlos Cruz, cineasta y tallerista del Proyecto de Transferencia de Medios; Antonio Rodríguez, coordinador del Acervo de Cine y Video Alfonso Muñoz de la CDI y Juan Mario Pérez, coordinador de proyectos de PUIC – UNAM. La moderación de la mesa estuvo a cargo de Alberto Constantino, coordinador de la MICVI 2014.

El Proyecto de Transferencia de Medios nace en 1989 cuando el antiguo Instituto Nacional Indigenista (INI), hoy CDI, propone un trabajo de capacitación y producción de materiales audiovisuales que pudieran surgir desde las mismas raíces de sus narradores, las comunidades originarias. El objetivo es aprovechar las tecnologías y el poder del cine y el video como medios de preservación, registro, denuncia en ocasiones, y principalmente de memoria de la vida cotidiana o de inquietudes políticas y sociales de los miembros que conforman a estas comunidades.

El ponente Carlos Cruz, como representante del Proyecto de Transferencia de Medios, explicó que la idea de inicio era que estas capacitaciones duraran 2 meses y fueran impartidas a grupos de 20 personas. Pronto descubrieron que su labor de transferencia, requería de refuerzos constantes y resolución de dudas y problemas posteriores a la realización audiovisual. Es decir, que este proyecto realmente comenzaba no en la donación de las herramientas necesarias a las comunidades originarias, sino principalmente, en la construcción de una relación igualitaria entre los capacitadores y los receptores que finalmente se convertirían en los realizadores y propulsores de sus propias culturas (Juan Mario Pérez).

En la conmemoración de estos 20 años de transferencia de medios, presenciamos cuatro documentales muy diferentes entre sí en cuanto a contenido y forma. Sin embargo, todos con un objetivo común de testimonio. En el caso de Parhikutini. El volcán purépecha, los realizadores logran crear una evocación, que se revive mediante la tradición oral. El objetivo es recordar al pueblo purépecha el antes, el durante y el después de un acontecimiento que cambiaría para siempre sus destinos: el despertar del Parhikutini en Michoacán. Es interesante que el significado de este nombre haga referencia a un tránsito, a un puente que se consolida en forma de volcán. De la misma manera, la palabra evolución les define; las canciones, las historias, las leyendas, se adecúan finalmente también en un formato audiovisual y se reinventan en un intento de recuperación de la memoria.

Fue distinto el caso del segundo y tercer documental, compuestos por Akoo (Basura) y Ñan Ri´í´ (Donde hacemos del baño). Con carácter de denuncia, los trabajos comienzan con entrevistas al director dríki, Héctor García Sandoval, quien introduce las problemáticas que a continuación se presencian en los videos. En esta ocasión nos ubicamos en San Andrés Chicahuaxtla, Oaxaca y se nos narra por un lado cómo la construcción de la carretera propició que vendedores llegaran a la comunidad con sus mercancías y que junto con ellas, penetrara también la basura.

Por otro lado, se exponen los inconvenientes que el crecimiento poblacional ha generado con la falta de conciencia sanitaria. Los deshechos humanos y la basura, han inundado una población que anteriormente era limpia y sana. La función de estos dos documentales breves es de denuncia hacia ellos mismos y plantea la propuesta de aprender a reciclar y reutilizar los desperdicios así como de construir y utilizar sanitarios ecológicos.

Por último, llegamos al cuarto documental proyectado y discutido en este evento de conmemoración: Juegos y danzas rarámuri de Javier Vecino Vega. Completamente distinto a los dos materiales anteriores, su función es de retrato; veremos en pantalla dos historias paralelas pero que dialogan entre sí. Una es el relato de la siembra de los pueblos rarámuri en Chihuahua, de sus tiempos y temporadas, la otra, la narración de las fiestas, juegos y danzas que se ofrecen para bendecir dichas siembras.

En este video, el sonido es fundamental para la construcción de significados y marca la diferencia entre los dos conceptos o historias arriba mencionadas. Cuando describe los procesos de la siembra, lo hace primero una voz en off femenina en idioma rarámuri (sin subtítulos) y posteriormente se traduce en castellano por una voz en off masculina. Por otro lado, cuando se representan los momentos de las fiestas sólo vemos las imágenes y escuchamos la música tradicional. Ambas partes van interactuando conforme avanza el documental y lo lúdico encuentra su razón de ser en el trabajo y en lo sagrado.

La presencia masculina es muy importante en Juegos y danzas rarámuri; ellos representan el baile y el juego. A las mujeres las vemos más en la parte de la labor y la siembra. Si lo vemos como un todo contemplamos una serie de tradiciones que no pueden existir sin su contraparte.

Filmar desde el interior de los pueblos, con realizadores originarios es lo que hace tan valiosos estos legados. Como bien menciona el realizador Javier Vecino, el gran logro radicaba en volver posible una narración que sólo podía suceder desde las entrañas mismas de sus actores. Editar una danza rarámuri resulta un sacrilegio, por lo mismo, lo que ellos decidieron fue grabar en tiempo real.

Es de esta manera que la transferencia de medios deja de ser un deseo material y se vuelve también una realidad literal. La transferencia más productiva es la de las funciones; de seres pasivos, surgen ciudadanos activos con todo el poder y el conocimiento para retratar sus vidas del modo en el que ellos quieran hacerlo. En palabras de Juan Mario Pérez, “a partir de nuestro propio discurso, reflejamos la visión de lo que somos nosotros mismos.” Sin proponérselo, lo que empieza a surgir de este proyecto es una primera generación de comunicadores originarios independientes.

El evento culminó con una reflexión alrededor de lo que queda de esa transferencia a 20 años de nacido el proyecto. ¿Qué es lo que se adapta, qué se rescata? ¿hacia dónde va hoy en día el audiovisual comunitario?

Para Antonio Rodríguez el tema pendiente se encuentra en la difusión. Señaló que el camino está rebasando medios y se encauza hacia Internet, hacia las tecnologías que salen a partir de la sociedad misma, por ejemplo, desde un teléfono móvil. Carlos Cruz coincidió en que ahora la transferencia es obligación de todos, puesto que los medios tecnológicos son cada vez más accesibles:

“queda una idea de colaborar en la construcción de un espejo electrónico y manipular las posibilidades de éste en función de la imagen que queremos ver.”

Y de esta manera terminó la celebración por dos décadas de esfuerzo constante y aprendizaje mutuo. Con muchas inquietudes y promesas de evolución de este proyecto que en ocasiones teme por el olvido de lo que produce pero que destaca por su autenticidad. Como una interesante vuelta a lo que fue el inicio del cine, con creadores que fueron descubriendo por sí mismos aquello que querían contar.

 * Alejandra Olalde Carreté, Mtra. en Estudios Literarios por la Universidad Complutense de Madrid y Lic. en Comunicación por la Universidad Panamericana. Es especialista e investigadora de los procesos de adaptación del cine de Alfonso Cuarón, así como de la adaptación cinematográfica de la narrativa proustiana.