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EL SUFRIMIENTO COMO NEGOCIO

El sufrimiento como negocio
follarismos

— Raúl de la Horra

Me deja perplejo el hecho de que en nuestro país, si alguien que ha sido víctima de alguna vejación e injusticia realizada por el Estado decide protestar y pide que se haga un proceso para establecer culpabilidades, hay un sector minoritario de la población -proveniente principalmente de las clases acomodadas y de algunos miembros de las clases medias acostumbrados a lamerle las botas a aquellos que representan algún poder económico, político o militar- que pone enseguida el grito en el cielo y acusa a las víctimas o a sus parientes de pretender “lucrarse” con ello, como si el secuestro, la tortura y el asesinato fueran un negocio rentable por el que vale la pena andar quejándose para sacarle provecho. Es un estereotipo bastante extendido entre la derecha troglodita y recalcitrante del país, que ve en todas las luchas y reivindicaciones sociales a favor de la justicia y a favor de los derechos humanos, una operación de cálculo malicioso dirigida por gente oportunista que no quiere trabajar y pretende obtener prebendas y privilegios.

Es así como a raíz del juicio por crímenes contra la humanidad realizado esta semana a los militares acusados por el caso Molina Theissen, condenados al final con penas moderadas de 58 años de prisión por persona, han surgido en las redes comentarios como los siguientes: “Con billeticos secarán sus lágrimas” (Roberto Villeda Arguedas). “Eso del resarcimiento es el verdadero objetivo de aquellos que dizque buscan justicia. El show es requisito para llegar al pisto” (Estuardo Zapeta). “Este caso me huele fuertemente a oportunismo puro, clásico de la industria del resarcimiento. Porque enriquecerse a costa de fingir haber sido víctima del Ejército, es más fácil de lo que se podría pensar” (Betty Marroquín). “Patético poner niños y mujeres en frente de la batalla con armas y exponerlos. Con el tema del niño, estoy casi seguro está vivo en Costa Rica…Tengo fotografías y videos” (Kenneth Padilla alias Kenneth Müller).

¿Cómo calificar estas intervenciones? El grado de ignorancia, estupidez, cinismo y bajeza humana que estas afirmaciones implican, sobrepasa todas las dimensiones imaginables e inimaginables. He aquí en vivo el sustrato clasista y racista de nuestra escoria nacional, la clase de ideas que el conflicto armado interno terminó instalando en la mente de muchas personas que, por su origen familiar y social, por sus privilegios, por conservadurismo, por deficiencia mental, o por simple oportunismo, nunca entendieron un carajo de lo que estaba pasando realmente ni de por qué estaba sucediendo, y de por qué hoy, el Estado que durante cuarenta años funcionó como una gigantesca fábrica de terror, está obligado –como lo están todos los Estados del mundo que han masacrado a sus ciudadanos- a resarcir a las víctimas. Está claro que estas personas no tienen idea prácticamente de nada: ni de la historia, ni de la ética, ni de la política, ni de la empatía, ni de la solidaridad, ni siquiera de ciertos principios religiosos elementales.  Las únicas ideas -si es que se las pueden llamar así- que pueblan sus cerebros desnutridos son la obsesión alrededor del propio ombligo, el sentimiento de jauría o de manada, y la convicción de que allá afuera el mundo es ajeno y peligroso, repleto de gente fea, shuma, huevona y comunista.

Terminaré simplemente con una frase que encontré por allí y que me parece adecuada para la ocasión: “Si no te interesa qué hicieron con un desaparecido, entonces no es que tengamos diferencias políticas. Lo que tenemos son diferencias morales, éticas y humanas, ¿entiendes? ¡Qué lo vas a entender!”

https://elperiodico.com.gt/lacolumna/2018/05/26/el-sufrimiento-como-negocio/