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Jorge Sanjinés: “Los críticos de cine no pueden aceptar tener de presidente a un indio”

El Grupo Ukamau desarrolló una estética propia inspirada en la cosmovisión andina para representar cinematográficamente el mundo indígena. ¿Cómo fue la búsqueda de esas nuevas narrativas?

Esa búsqueda se dio dentro de un proceso de aprendizaje. Por ejemplo, la realización de ‘Yawar Mallku’ casi se frustra por ignorancia nuestra, ya que no conocíamos bien la cultura de los indios. Cuando fuimos a filmar a una comunidad invitados por su jefe, nadie quería participar del proyecto, a pesar de que todos sabían que la película iba a denunciar los delitos que estaban cometiendo los estadounidenses contra las mujeres indígenas y que, además, ofrecíamos un salario que era muy bueno. No entendíamos por qué nadie quería participar. La noche anterior a regresarnos a la capital nos dimos cuenta del problema.

En el mundo quechua y aymara el manejo del poder no se da igual que en occidente. En las culturas andinas hay verdadera democracia: todos participan del poder, no hay un jefe que ordena, el jefe sólo representa el poder del pueblo. Y nosotros nos habíamos metido en la comunidad sin pedirles permiso a todos y por eso nos rechazaban. Cuando les pedimos disculpas e hicimos las cosas bien, todos participaron para construir la ficción y no quisieron recibir dinero por su trabajo. Ahí nos dimos cuenta de que el protagonista no es el jefe, sino el pueblo. Por ese motivo en la película siguiente desarrollamos el protagonista colectivo.

La última producción del Grupo Ukamau es “Insurgentes” (2012), que rescata del olvido a héroes indígenas olvidados por la historia oficial. ¿Es importante recobrar para la memoria las luchas del pueblo boliviano?

En la ciudad de La Paz hay monumentos a gran cantidad de personajes extranjeros y casi no hay ninguno a los protagonistas bolivianos. En Bolivia siempre prevaleció el discurso de la clase dominante, que afirmaba que el pueblo era inútil, impotente e incapaz. Ese relato, que era la historia oficial, no incluía a los héroes nacionales como Eduardo Nina Quispe, el pionero de la educación indígena que es desconocido hasta por los maestros rurales indios en Bolivia.

La estructura de “Insurgentes” no sigue un relato histórico lineal. ¿Por qué eligió narrarla de esa manera?

El guión estaba desarrollado de manera cronológica y lo filmamos así, pero en la sala de montaje decidí cambiar la estructura y que el relato fuera del presente al pasado. Me di cuenta de que para explicar cómo es posible que en Bolivia haya hoy un presidente indígena, era necesario mostrar a los personajes indígenas que revolucionaron Bolivia y persisten en la memoria de su pueblo indígena. En una toma de la película se ve cuando, en 2003, la población aymara del Alto cercó a la ciudad de La Paz pidiendo la abolición del sistema neoliberal. Utilicé esta imagen porque la población aymara que luchaba contra el Ejército en 2003 lo hacía vivando a Tupaj Katari y a Bartolina Sisa, sus héroes que vivieron 220 años atrás pero que continúan alimentando su imaginario revolucionario.

Cuando se estrenó “Insurgentes” (2012) en agosto pasado en Bolivia, algunos críticos de su país dijeron que la película fue realizada para realzar la figura de Evo Morales. ¿Qué opina sobre esas críticas?

A la mayor parte de los críticos de la película yo los descalifico porque son racistas. No pueden aceptar a Evo Morales como presidente. En la actualidad, Bolivia tiene una de las economías más sólidas del continente. En 6 años se han construido más carreteras, escuelas y hospitales que en los últimos 50 años. Cuando Morales llegó al poder las estadísticas indicaban que de cada 10 bolivianos, 4 vivían bajo la extrema pobreza y hoy día es uno solo y se calcula que el año que viene la proporción va a bajar a medio.

Los intelectuales de derecha elogiaron ‘La nación clandestina’ (1989), porque la película narra la historia de un indio que fue borracho, esbirro y mala persona. Con ese filme están de acuerdo porque esa es la visión que tienen de los indios. Pero si muestro indígenas insurgentes y victoriosos que lograron grandes cambios en la historia de Bolivia ya no les gusta.

¿Cómo ve a los realizadores jóvenes bolivianos?

Algunos jóvenes bolivianos tienen problemas muy graves para hacer cine porque están alienados y lo que intentan hacer es un cine de Hollywood en Bolivia. Hablo mucho con los realizadores y siempre sostengo que no tienen por qué hacer un cine político o de denuncia, pero que sí deben desarrollar una mirada propia sobre la realidad extraordinariamente rica del país.